¿Tu hermana ha tenido un niño, ha salido más bien feo y te avergüenzas de todos ellos? Trinca un ejemplar del nuevo número de "Compota de manatí" y lee vorazmente hasta que se te pase el mal cuerpo. Y oye... siento lo de tu sobrino.
Cuando uno, ansioso y abatido, no puede con la presión, suele optar por confensarse con alguna oreja comprensiva, planchar la ropa acumulada desde hace docenas de lavadoras o simplemente acudir a alguna suculenta vianda de laboratorio. Un buen pastillazo a veces viene bien. ¡Zás, en todo el higado!
Estas dos chicas han perdido algo y yo sé en donde ha sido. Sólo las conozco de vista y me da vergüenza hablar con ellas, así que mientras lo buscan las retrataré en su ordinaria aventura.